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a disfrutarlo
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No serán muchas las entradas que realice en este sitio, porque tener que explicar qué es lo que quiero decir con “perros furiosos” me aburre cada vez más, teniendo en cuenta que en el fondo todos sabemos a lo que me refiero con dicha expresión.
Yo creo que el problema de los perros furiosos se debe a que cada día somos más y más juntos, lo que deriva en un aumento de la competencia y por lo tanto en una necesidad imperiosa e impuesta de desarrollo de nuestra competitividad con respecto a los que nos rodean, lo que termina por apartarnos de la finalidad inicial que es vivir.
Por poner un ejemplo, hace bastantes décadas, en el siglo pasado, un contable anotaba los asientos en un libro cuidando meticulosamente la ortografía, sin prisa, hoy en día ese contable seguramente se moriría de hambre, porque habría cientos de contables que realizarían la misma tarea en una fracción del tiempo que él emplearía, aunque si bien, soportando mucho más estrés, durmiendo menos, pasando el día cabreados, en fin, furiosos….
Siempre he dicho, aunque diferente es que quiera que pase, que un buen recomienzo sería dejar caer veinte bombas atómicas sobre la faz de la tierra, evidentemente escogiendo bien los objetivos, nada de ir al desierto, todas en zonas industrializadas y masificadas, para así poder combatir el mal que comentaba al principio, que cada día somos más y más juntos.
Hoy me comentan un suceso ocurrido en una aburrida cadena privada de televisión en España, la sexta para ser más concretos, en el programa Nini o algo por el estilo, en el que un chaval ayudado por sus compañeros ha acosado sexualmente a una chica.
Independientemente del calificativo que se le pueda poner al hecho de que la cadena haya emitido la secuencia en cuestión, lo que realmente me llama la atención es la falta de consciencia sobre la gravedad de la acción realizada que tiene ese desgraciado, porque las faltas de madurez y educación, evidentemente, no me las cuestiono.
Me pregunto si a sus padres se los habrá tragado la tierra o si al menos lo desean fervientemente porque es otro detalle muy a tener en cuenta.
En fin, aquí tenemos a otro perro, esta vez tonto, aunque si se descuidan seguramente se convierta en un buen perro furioso.
Y no digo “si nos descuidamos”, es decir, no me incluyo, porque a mí, realmente, me importa un pimiento, como a todos a la hora de la verdad.
Amén.